El fracaso de dos modelos

Por:

Sebastián Cantuarias
14/11/2019

Fracasó el modelo venezolano, tal cual como fracasó el modelo chileno, ambos con los militares en la calle, imponiendo por la fuerza una mirada de la sociedad, con millones de personas manifestándose por una sociedad más justa y equitativa. 

Ninguno de los dos modelos imperante tuvo la real capacidad de entregar bienestar y prosperidad a las familias y sus hijos. Ni el discurso de la igualdad, ni el de la libertad fueron capaces de resolver los problemas de la cuestión social que nos toca vivir en esta época.

Por una parte, la idea de igualdad en la economía con un Estado controlador de todo y su incapacidad de generar bienestar real, por otra parte,  la idea de la libertad en la economía, donde cada uno puede hacer lo que quiere para ganar el máximo posible. Ambos modelos incapaces de crear paz social. 

El desafío en los tiempos actuales es poner estos valores, el de la libertad y la igualdad en el lugar que le corresponde para el correcto desarrollo de la vida y del ser humano. La libertad en el ámbito de las ideas, del pensar, de la creatividad, que todo ser humano puede ser libre en definir su propio proyecto de vida, bajo sus creencias y sus propios paradigmas, es ahí donde debe actuar la libertad. La igualdad en el ámbito de los derechos humanos y las leyes, que las reglas del juego sean para todos por igual, para que todos sean iguales a la hora de ejercer nuestros derechos y vivir de forma armónica en sociedad.

¿Qué pasa con el ámbito de la economía? Acá debemos dejar los manuales clásicos que nos han enseñado que la economía es la maximización de la rentabilidad, que el trabajo humano es un insumo más de la producción, donde quien puede libremente hacer lo que quiera abusando de las personas y destruyendo el medio ambiente. Debemos instalar en la vida económica el paradigma de la fraternidad, el apoyo mutuo. Entender que mi trabajo te sirve a ti y yo necesito de tu trabajo. Así pondremos en la economía una mirada desde la interdependencia, abriendo camino a una nueva economía centrada en el propósito, donde el respeto por la dignidad humana y cuidado del planeta sean el corazón del negocio y luego la rentabilidad económica. Con todo cumplido, que viva la rentabilidad económica.

Esto ya está pasando en el mundo, no es algo nuevo y emergen con mucha fuerza desde este paradigma: las empresas B, el comercio justo, el cooperativismo y así muchas expresiones de una nueva economía, esa que se basa en la dependencia mutua para generar valor y contribuir a un desarrollo económico equitativo y sostenible.

Así poniendo cada cosa en su lugar, podemos vivir en una sociedad donde las personas sean libres de pensar, iguales ante la ley y fraternos e interdependientes en la economía. Quizá por este camino somos capaces de construir la añorada paz social. 

Sebastián Cantuarias B.

Director Ejecutivo

Fundación Dinero y Conciencia